La versión criolla y tradicional del bodegón.
Antes no teníamos bodegones pero teníamos abastos.
Un abasto es muy pequeño para ser un supermercado y muy pueblerino para ser un bodegón o una tienda de conveniencias.
Era nuestra versión de una tienda de conveniencia, pero con un toque personal.
El abasto no era solo un lugar para comprar, era un punto de encuentro, el sitio donde el dueño te conocía por tu nombre y sabías que podías conseguir todo lo esencial.
Ahí encontrabas el pan del día, la leche en polvo, el jabón y las galletas que ya no se consiguen.
Los abastos no tienen o al menos no tenían puerta. Solo una Santamaría que estaba abierta durante toda la jornada.