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Perrocalentero

El perrocalentero es más que un vendedor de comida rápida. Es un guardián de la noche, un confidente de borracheras y un artista del «con todo, por favor».

El perrocalentero es más que un vendedor de comida rápida. Es un guardián de la noche, un confidente de borracheras y un artista del «con todo, por favor».

Su puesto, un altar de acero inoxidable sobre ruedas, es el faro que guía a los hambrientos al final de la fiesta, del partido de béisbol o de un día largo de trabajo.

La magia reside en el ritual: el vapor que envuelve los panes y las salchichas, el seseo de la cebolla picada y el repollo salteándose en la plancha, y el sonido de las papitas fritas que son la guinda de la corona.

Pero el verdadero arte está en la salsa. O más bien, en las salsas: la de tomate y mostaza, la de ajo, la tártara y esa misteriosa salsa rosada que solo los dioses del perrocaliente conocen su receta.El perrocalentero es una institución en las calles de mi ciudad, Caracas, y en toda Venezuela.

Es el anfitrión de una experiencia culinaria única, donde un simple pan con salchicha se convierte en una obra de arte callejera.

No hay cena más reconfortante que esa.

Y si le preguntas, siempre tendrá una historia que contar, o al menos, una sonrisa para regalarte mientras te entrega tu perrocaliente «con todo».